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Mario Mendoza (2005)

 

Transcripción

R.H. Moreno Durán, el mago de la palabra*

Hace unos tres meses, el escritor colombiano Rafael Humberto (R.H.) Moreno Durán, le dijo a su amigo, el poeta Juan Gustavo Cobo Borda: “Ahora sé lo que significa la palabra desconsuelo”. Con eso señalaba que el “monstruo”–como llamaba al cáncer– que se apoderó de su páncreas y luego se expandió a todo su cuerpo, le había ganado la batalla.

Hace una semana, era el anfitrión en la presentación de la novela del escritor chileno Jorge Edwards, El inútil de la famillia, prevista para el jueves pasado. Sin embargo, tuvo que ausentarse porque el día anterior fue internado en la clínica Reina Sofía. Ayer a las 11 de la mañana, el dolor y el sufrimiento de los últimos días, terminó. El cáncer se llevó, a los 59 años, a una de las figuras más importantes de la literatura colombiana de la segunda mitad del siglo XX.

Nació en Tunja, en 1946. Se trasladó a Bogotá, a mediados de la década del sesenta para estudiar derecho. Ingresó en 1965 a la universidad Nacional. Sus años en esa institución, el sueño de su generación y los cambios que experimentaron América Latina y Colombia en esa época fueron el tema de su primera novela: Juego de damas, que al lado de Toque de Diana y Finale capriccioso con Madonna, constituyen lo que luego relanzó como la trilogía Femina suite, quizás su obra más conocida y mejor comentada.

R.H. debutó en el plano de las letras realmente como ensayista, con su texto De la barbarie a la imaginación, donde daba cuenta de la revolución literaria que causó el boom latinoamericano.

Ese libro le abrió un espacio dentro de la comunidad de escritores de España, y especialmene de Barcelona, a donde se había trasladado después de graduarse de abogado, en 1971. Tenía claro que para dar a conocer su obra, debía buscar una industria editorial más sólida.

Logró su cometido. Los libros de la trilogía y el ensayo, los publicó en España, en la década del setenta, cuando el medio editorial español se había cerrado sobre sí mismo, después de la apertura del boom, y eran muy pocos los latinoamericanos que podían romperlo. “Publiqué en Seix Barral, cuando todavía era independiente”, solía recalcar.

Su actividad literaria lo llevó a colaborar en revistas tan importantes como El Viejo topo y Quimera (de esta última dirigió una edición latinoamericana que luego se cerró).

Uno de sus grandes momentos fue cuando el ensayista uruguayo Ángel Rama lo incluyó en la exclusiva lista de escritores del post boom.

Regresó a Colombia en 1986, venía para un homenaje y terminó quedándose para siempre. “Encontré un país más desarrollado, urbano, que había cambiado hacia la mentalidad de la ostentación. Eso se ve en El caballero de la invicta y en Cartas en el asunto”, dijo en una entrevista.

Ya en el país desarrolló su carrera literaria alternándola con viajes constantes alrededor del mundo donde era solicitado por las ediciones de sus novelas y también por sus múltiples ensayos.

En el último lustro su carrera tomó un nuevo impulso. Editorial Alfaguara relanzó casi toda su obra, incluyendo Fémina suite. Además, los escritores de la nueva generación lo señalaron a él y a Germán Espinosa como dos autores fundamentales para hacer el tránsito entre ellos y la sombra descomunal de Gabriel García Márquez.

El año pasado R.H. Moreno incursionó por primera vez en el campo del teatro. Lanzó la obra Cuestión de hábitos, con la que obtuvo el premio Ciudad de San Sebastián. Es una historia sobre Sor Juana Inés de la Cruz, la gran escritora mexicana que es acosada por la envidia y la censura.

Su obra se caracterizó siempre por un profundo respeto por la palabra. Era un artesano del verbo. Sus libros estaban llenos de juegos de palabras y de gran profundidad intelectual, hecho que solía matizar con grandes dosis de ironía. Su novela Mambrú, por ejemplo, se refería a la incursión del Batallón Colombia, en la Guerra de Corea. Un crítica profunda a un momento de la historia colombiana que tradicionalmente se ha tomado con un episodio heroico. El título obviamente es un juego con la canción infantil. Los felinos del canciller se ocupaba de toda la hipocrecía del lenguaje diplomático. Cartas en el asunto era una serie de cuentos con los diferentes significados de esa palabra.

El final

A mediados de la año pasado, cuando se encontraba ordenando la biblioteca de su nuevo apartamento sufrió un leve desmayo. Después de los chequeos médicos llegó el diagnóstico: tenía cáncer.

Pero, a pesar de que el pronóstico era difícil, R.H. Moreno, estaba decidido a contradecir la lógica médica. En los primeros meses estuvo optimista y tenía la certeza de que iba a salir adelante. “Los exámenes médicos demostraron que el “monstruo” se retrajo y está ubicado en el estómago. El dolor debe ser porque está herido y los médicos piensan que espera dar su batalla final allí. Vamos a ver”, afirmó en una entrevista con motivo del premio en San Sebastián. Aunque perdió la batalla final, el “monstruo” no venció su voluntad literaria, que estuvo intacta hasta el último momento.

Estaba en el momento más brillante

El escritor cartagenero Germán Espinosa habla sobre la obra de quien fue su mejor amigo.

“Ante todo quiero decir que, aparte de haber sido R.H. Moreno uno de los mejores escritores de Colombia en todos los tiempos, constituyó también para mí uno de los mejores amigos de mi vida.

Su muerte me duele tanto más, en la medida de que se encontraba en el momento más brillante de su producción literaria. Él tenía mucho que darnos, pero, de todas formas, la crítica tendrá que volver constantemente sobre su obra para encontrar en ella una de las realizaciones más felices de nuestra literatura”

Texto tomado de http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1836963.

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