Juan Gabriel Vázquez


Transcripción

Madrugar a ponerme los dolores

R.H. Moreno Durán y Juan Gabriel Vázquez dialogan sobre literatura y muerte, dos meses antes del deceso de Moreno Durán. Apartes para un homenaje.

Desde hace algunos años Juan Gabriel Vásquez ha reseñado todos los libros de R.H. Moreno Durán para el Boletín Bibliográfico del Banco de la República. La lectura crítica de su obra lo ha acercado a uno de los escritores más importantes de finales del siglo XX en Colombia. En septiembre Juan Gabriel estuvo en Bogotá para lanzar su novela Los informantes en los mismos días que R.H. estaba lanzando su último libro: Mujeres de Babel. Hablar de literatura era para ellos hablar de muchas cosas, de la escritura y de la lectura, de la ficción y la realidad, de la guerra y de la historia del país, de sus preocupaciones más abstractas y sus motivaciones más concretas.

                  - JG: En las conversaciones que hemos tenido en estos días, lo que no me ha sorprendido ha sido precisamente que tú has visto tu enfermedad a través de la literatura. Tal vez eso es un escritor, ¿no? Alguien condenado a ver sus propios padecimientos a través de lo leído. Al mismo tiempo, la enfermedad está en todos tus libros.

                  - RH: A medida que uno reflexiona más, descubre que, en el fondo, la literatura es una reflexión sobre la enfermedad. Tal vez porque nadie que esté contento escribe. Felicidad, literatura son incompatibles. Mi libro Donde las paralelas se encuentran reúne mis dos grandes novelas sobre la enfermedad: Los felinos del Canciller, aunque trata del mundo de la diplomacia, contiene una crónica de la larga agonía de Angélica Barahona a causa de la tuberculosis, pero es la agonía de un país maquillado por la diplomacia, maquillado como se hace con los enfermos terminales. Y la otra novela, El Caballero de La Invicta, se pregunta permantentemente por qué envejece la célula sin que el protagonista se dé cuenta de que en su familia – sus hijas, su mujer, sus hermanos-, todo está corrompido y la sociedad está absolutamente destruida.

                  - JG: Si tomamos la enfermedad a nivel metafórico, en Mambrú también es constante el tema del malestar del país. Incluso pones sintomatologías muy precisas, desde la condición de los soldados en Corea hasta la enfermedad de Virgilio Barco.

                  - RH: Exactamente. Y además se reflexiona sobre esa enfermedad superlativa que es la guerra.

                  - JG: Me gustaría que me contaras si conscientemente has buscado textos que releer en estos días, después de tu diagnótico. Si has tenido el tiempo, la energía, y sobre todo el interés de leer algo como apoyo.

                  - RH: No. No los he buscado, no me ha interesado mucho la lectura como terapia. En cambio, sí creo en los poderes balsámicos de la escritura. Uno de los libros que más me sorprendió hace unos 20 años, cuando lo leí por primera vez, fue La enfermedad y sus metáforas de Susan Sontag. Me sorprendió porque estando ella en una situación idéntica. Logró anular el yo de su discurso reflexivo. Toda la reflexión que hace está apoyada en textos literarios. Y esa lucha entre enfermos de tuberculosis versus enfermos de cáncer apoyada por textos literarios es apasionante. Yo no tenpia idea de que el cáncer fuera una enfermedad muy antigua, contrariamente a lo que se dice. Sontag afirma que dos siglos antes de Cristo ya los médicos griegos habían identificado el cáncer como una enfermedad silenciosa, interior, alejada del entorno social. Una enfermedad del individuo, que minaba la vida de un hombre alejado de los designios de los dioses, a diferencia de lo que sucedía con la tuberculosis, que se consideraba una enfermedad de gente pobre, mal alimentada, pero que tenía cierto carisma.

(…) RH: Hay un poeta colombiano del siglo XVII, Francisco Álvarez de Velasco y Zorrillo. Se enamoró de oídas y lejanías de Sor Juana Inés de la Cruz (Esto lo trabaja en mi libro Cuestión de hábitos que acaba de publicarse en España). Este poeta – aparte de subrayar que enamorarse de una mujer que no conoce, escribirle cartas y poemas es una enfermedad- , tiene un verso que es dolorosamente prodigioso y se anticipa a todo César Vallejo: Madrugar a ponerme los dolores. Eso es terrible, es como si dijera: yo pongo el despertador a la cinco y comienzo a vestirme de sufrimiento, como si las enfermedades fueran prendas…

                  - JG: Pero hay otro síndrome que me parece a mí que es enfermedad ocupacional de los escritores: la hipocondría. Philip Roth tiene una novela entera montada sobre el hecho de una persona a la que le duele el cuello y no sabe por qué, y eso acaba construyendo todo un sistema de dolores, vistos todos a través de la literatura que es absolutamente sintomático de la posición casi paranoica de los escritores.

(…) – JG: Libros que funcionan un poco, a pesar tuyo, de forma terapéutica.

                  - RH: Creo que el artista intuye que toda obra de creación conlleva al mismo tiempo la enfermedad y la terapia. ¿Recuerdas el Filoctetes de Sófocles? Un hombre aislado por la enfermedad que padece, que es rechazado por sus semejantes es, a la vez, admirado por su habilidad al manejar el arco. Toda enfermedad lleva implícito su remedio, parece decirnos Sófocles. Y eso lo encarna el artista: la enfermedad es el artista y el arco que lo redime es la obra de arte…


JuanGabrielVasquez4Dic2005LasArtes