Cuaderno Otoño Cheyenne y Palabra Mayor

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Transcripción con símbolos

da. La arquitectura típica, con sus volantes de | madera y el *ocre obsesivo, sintoniza con el | calor ambiente. Santa Fé y Albuquerque <son> deben | <se | despertaban><†> [↑ optar por ser la] sede de la universidad <y> /o\ la | cárcel: por ser la capital, Santa Fé tuvo el | privilegio de elegir primero: y Santa Fé eligió | la cárcel. La universidad se trasladó a Albuquer-|que, y en ella, la industria y el progreso. Santa | Fé: con su cárcel, quedó como un triste testimo-|nio de la herencia hispánica: punitiva y | provinciana, parece un suspiro nostálgico a las | puertas del desierto. || En Albuquerque el sol crepita sin piedad y allá | están Gustavo Sainz, el novelista mejicano, y | el poeta español Angel1 González. Y, sobre todo, | Dick Gerdes, director del Departamento literario. | El síndrome libresco renace y las conferencias | ratifican los vicios comunes de los adictos. Por | la mañana, en el Department of Modern and | Classical Languages, de <la> /the\ University of New | Mexico, hablo en el curso de Gerdes sobre | la narrativa latinoamericana de los años | Veinte. Por la tarde, en sesión especial y ante | un público especial sobre la experiencia | europea de buena parte de los narradores | posteriores al Boom. Al final un concurrido | cocktail y luego me retiro a mi hotel “La Posada | de Albuquerque”, de inequívoco sabor español. Pien-|so en las aventuras del Zorro. Y a primera | hora de la mañana el vuelo Albuquerque-|Phoenix, rumbo a Los Angeles1, en West America. 

VI

El aeropuerto John Wayne, de Irvine, me | hace pensar en la enorme capacidad norte-|americana para la cursilería, sin percatarse | siquiera. La universidad de Irvine está | llena de orientales, que destacan sobre | la población latina y gringa. Sin haberme insta-|lado en el Hilton, a donde me guiaron luego, 

1) Sin tilde en el manuscrito

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