Camp de l'Arpa

Transcripción

moviendo la cola a esa clase de tipos refinados, distantes, cerebrales... "(cap. XVI). También Pale Fire ofrece ejemplos de esta clase de mujeres, a la postre "meros mecanismos de lujuria fortuita", y ahí están a la vista las dos amantes de Otar, Fitalda y Fleur, adolescentes que con el simple movimiento de sus maravillosos traseros alteran la más rígida concepci6n del mundo, o Garth, esa atrevida chiquilla que hace lo indecible por seducir al rey prófugo atosigándolo con sus caricias y ofreciéndole sus pechos de blancmangé (Canto 1, verso 149). En cuanto a los novecientos noventa y nueve versos que integran los cuatro cantos en pareados decasílabos de Pale Fire, el poema de John Shade, bien vale la pena hacer una digresión para señalar la forma como el texto, gracias a la exégesis a que lo somete el doctor Kinbote, evoluciona hacia la forma novelística. Ciertamente, no hay nada más complejo y significativo que una forma literaria, un poema, por ejemplo, que, en virtud del uso de la crítica —"la crítica es la literatura que se hace de la literatura", decía Curtius—  se enriquece y desemboca en otra forma: la novela. Pale Fire es una verdadera apoteosis discursiva en la que el apparatus criticus de Kinbote anula una vez más (hace dos siglos Lessing inició el ataque) el tradicional bizantinismo en torno a la cuestión de los géneros y, al transgredir los cánones de cada uno de ellos, marca al advenimiento de la novela que la forma inicial lleva implícita. De este modo, el extenso poema, merced a un especial tratamiento de sus posibilidades, deviene prosa narrativa sin dejar de ser critica, pues al fin y al cabo ha sido un ejercicio crítico-interpretativo el que ha unido las dos formas literarias al extraer, como en un proceso mayéutico, el universo ficticio que subyacía en los cuatro cantos del poema. Tan acertado procedimiento no es sólo una confirmación de los vínculos soterrados que potencian las formas avanzadas de la literatura, sino una prueba más del complejo quehacer que caracteriza y define a la producción de Nabokov. También en este plano es necesario destacar la constante preocupación filológica del autor, preocupación que se advierte — es apenas uno entre numerosos ejemplos a lo largo de su vastísima obra—  en el caso de Solus Rex, donde al intentar justificar la K de su personaje abre campo a una investigación etimológica. La K de Solus Rex, a menudo invocado en Pale Fire, es una abreviación de la traducción del Rex latino a las lenguas que Nabokov emplea: la K de King (inglés) y Korol (ruso), que primero abrevia en Kr para reducirla finalmente a la K de su relato, letra que, no por azar, también designa una pieza de ajedrez. Nabokov se remite a continuación a Blackburne, quien de forma por demás elocuente registra esa situación: "Si el rey es la única pieza negra sobre el tablero, el problema se incluye dentro de la variedad Solus Rex". Sin embargo, es Thomas Carlyle (el venerado maestro de Nabokov y, por supuesto, de Jorge Luis Borges) quien en su Sartor Resartus —a nuestro juicio la más importante experiencia narrativa inglesa del

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