Camp de l'Arpa

Transcripción

palabras a que somete los nombres, Dolores Lee, en el capítulo tercero de la parte segunda de la novela. En otros apartados el narrador se las ingenia para abrirle campo a la invocación de algunos casos que sustentan (si no justifican) u deliciosa inclinación: está, por ejemplo, aquel Hugh Broughton, un escritor del tiempo de Jaime I que hizo todo lo que estuvo a  su alcance para demostrar que Rahab, niña que le inquietaba, era en realidad una avispada y solvente prostituta de sólo diez años, o cuando saca a relucir a los ancianos fecha que a los ochenta años (como Demon Veen) copulan con dóciles niñas de ocho años sin que nadie en la comunidad se sobresalte por ello, al igual de lo que ocurre en Solus Rex cuando el príncipe Adulf desflora a una niña ante el beneplácito del pueblo que celebra la hazaña de su señor. El abanico de nínfulas, sin embargo, va mucho más allá de sus dos obras más ricas en este aspecto, Lolita y Ada, o el ardor, y así se puede constatar, por ejemplo, en The Real Life of Sebastián Knight en dos casos, uno de ellos ancilar: las relaciones que Percival Q, maduro viajante de comercio, mantiene con la pequeña Anne, la niña que ayuda a un prestidigitador (cap.X), y otro, fundamental para la comprensión plena del relato: la circunstancia de que Ninka (Nina Toorovetz, alias Madame Lecerf), nínfula excepcional, fuera en sus años infantiles amante de un hombre bastante mayor y además casado (cap.XVI). En Laughter in the dark el sexagenario Albinus inicia sus desgracias al dejarse cautivar por un irresistible cartel cinematográfico que representa a un hombre contemplando una ventana en la que se ve a una niña en camisa de dormir: una vez en el cine, se enreda con Margot Peters, la muchacha que trastocará su vida. A los trece años de edad Margot ya era asediada por los hombres y ella, como si participara de un extraño rito, se pinta los labios y los pezones con rouge. Tras la muerte de Irma, la hija de Albinus, Margot le pide un hijo y él le contesta que, en ella, tiene ya una “niña” y se vuelca sobre la muchacha mimándola con las palabras que le aplicaba a su hija de ocho años (cap.XXII). En Pale Fire las hijas del juez Goldsworth constituyen una auténtica antología de nínfulas: Alpina (nueve años), Betty (diez años) y, sobre todo, Cándida (doce años) y Dee (catorce años) con quienes fornica Bob, un desaprensivo amigo del doctor Kinbote, ese “pomposo misógino con acento alemán”. El propio poeta, el viejo John Shade es acusado de practicar el “lolismo” con una alumna, una rubia impresionante con aire de vampiresa (Canto III, verso 579), acusación poco consistente, aunque cien versos más adelante se hace una mención expresa a Lolita, a propósito de la cual dice el exégeta: “El género femenino no es sugerido tanto por el sexo de las furias y las viejas harpías, como por una aplicación profesional general. Así, cualquier máquina es femenina para su usuario afectuoso y todo fuego (aunque sea “pálido”)es femenino para… los bomberos” (Canto III, verso 679). Nínfulas también se detectan en las novelas Invitation to a Beheading (Emmie, de doce

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