Camp de l'Arpa

Transcripción

permitido—, es de rigor señalar la común preocupación de Musil y Nabokov por trazar una nomenclatura de los mohines y extravíos, de las imposturas y baladronadas de la estirpe femenina. También el fondo histórico de los dos libros es el mismo: la época finisecular en la que una aristocracia otrora desdeñosa ve periclitados sus privilegios, época que, afín a la de Proust, guarda su último aliento sólo para airear la nostalgia de los tiempos idos. De igual forma, difícilmente se encuentran obras que, como las de Musil y Nabokov, recreen con implacable ironía el acervo de la cultura en casi todos sus órdenes merced a un ejercicio en el que la erudición no mengüa sino que, al contrario, acrecienta la brillantez del universo convocado. Y, por último, tanto Ulrich como Van preparan el camino a esa nietzscheana liberación de todos los instintos que se cumple en el incesto en el que se reconcilian con sus hermanas Agathe y Ada, respectivamente. El padre de los Veen sorprende a sus hijos Van y Ada y se derrumba; en el cementerio, y en presencia de su hermano, Agathe desliza las ligas de sus piernas y, como si de un póstumo y elocuente mensaje se tratara, las coloca dentro del ataúd, junto a los restos de su padre. Pese a los límites de la sangre, Ada y Van esgrimen una cínica felicidad y, a su manera, reivindican todos sus derechos contra la ley y la especie y se sumergen en una senectud dichosa. Agathe y Ulrich, por encima de los ya anodinos blasones de un orden que ha dejado de tener vigencia, se yerguen con toda la razón del mundo en testigos de la hecatombe y en protagonistas de la última historia de amor posible. Es, pues, mediante la transgresión de todos los cánones, incluso los de la sangre, como los amantes han podido franquear esa puerta que les abre el paso hacia lo que anhelaron siempre: el reino milenario. Aunque lo cierto es que, una vez más, a través de tan elevados y significativos testimonios, la literatura opta por los resabios de la naturaleza en detrimento de los límites pudibundos que fija la cultura.

R.H.M-D.

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