Camp de l'Arpa

Transcripción

bert cree ser el depositario exclusivo de los sentimientos y dádivas sexuales de Lolita, ésta se las ingenia para entenderse a sus espaldas con el doctor Clare Quilty, proxeneta y libertino que consigue hacerse con el dominio de la muchacha alejándola del control del confiado amante e integrándola a su troupe prostibularia. Ada también goza de esa extraña facultad y ya hemos señalado cómo logra distraer la atención del fogoso Van mientras se refocila alternativamente con el de Prey y Herr Rock en unas agitadas relaciones que, una vez descubiertas, precipitan  la primera ruptura entre ella y su fornicador oficial. Humbert Humbert y Van Veen ¾no solo amantes desplazados sino redactores del testimonio escrito de sus desventuras con las nínfulas¾ pierden las pistas de sus “pequeñas rameras” y, como muchos otros personajes de Nabokov, colocados en la misma situación, se refugian en la literatura, campo en el que las añoradas  y espléndidas compañeras de sus acoplamientos devienen con el tiempo y la distancia Musas. Lolita y Ada, más allá de una simple precocidad sexual, se erigen en exponentes de una madurez de espíritu fuera de lo común, mezcla de femme fatal  y  belle dame sans merci, inteligentes y arteras pero, sobre todo, dotadas de una disponibilidad lúbrica ciertamente excepcional que se ve incrementada con una fascinante vulgaridad. No es esencial que la nínfula cifre su atractivo sólo en la belleza, ya que son otras “virtudes” las que tipifican la identidad de esta criatura más bien impúdica y audaz, aureolada por cierta gracia letal y ese “evasivo, cambiante, transtornador e insidioso encanto” que las diferencia de las otras muchachitas de su misma edad, cursis y desabridas, tímidas e ingenuas y, como si esto fuera poco, aquejadas de acné. De otra parte, no todo individuo, por el hecho de ser adulto y un poco pervertido, es capaz de detectar a las nínfulas y acceder al tórrido y caprichoso círculo de voluptuosidad que las caracteriza, ya que se requiere una mínima afinidad rayana en la locura feliz y cierto grado de perspicacia capaz de diferenciar a estas hembritas “abominablemente depravadas” de los otros especímenes de su misma edad, esas niñas simples y “esencialmente humanas”. Con personajes como Lolita y Ada, Nabokov recobra para la literatura dos aspectos realmente sugerentes: la malicia ¾en el más estricto sentido de la acepción ¾, esa gozosa perversidad en seres habitualmente tratados como idiotas, de una parte, y de otra, la entronización de la amoralidad plena, como instancia última del quehacer ficticio, a menudo impregnado de toda clase de mensajes, ismos e ideologías perniciosas. De todas formas, al tenor de lo que ocurre en las dos obras anteriormente citadas, son múltiples los casos que en la vasta producción de Nabokov se dan en lo que respecta a la relación entre el ninfulómano y la muchachita púber o impúber, sujeto mayor de la encendida ceremonia.    En la propia novela Ada, o el ardor, que aparte de Adelaida (Ardelia: Ardis:Ardor:Ada: y nosotros agregaríamos: Ardid) recrea las incidencias de otra nínfula de excepción, Lucette, se cita el caso ¾más desmesurado y caricaturesco que real¾ de Ivan Ivanov,  un ruso que preñó a su biznieta María, de apenas cinco años de edad, y conco años más tarde reincidió al “engordar” a Daría, hija de María, que dio a luz a un niño, Varia, con lo cual, felizmente, se le puso coto a la capacidad fecundadora del viejo sátiro, pues gracias a él María se convirtió en abuela a los diez años de edad (Parte I, cap. XXI). Van Veen, por su parte, fuera de sus relaciones con sus primas (una de ellas su hermana), tiene oportunidad de sofaldar a varias nínfulas en el club de Eric, primero ¾extraño y selecto burdel que tiene como norma rechazar a las chicas “intactas” y a las madres, por más jóvenes que estas sean ¾ y en su propia garçonniere, después. Sin embargo, es su padre, el terrible Demon Veen, quien manifiesta un gusto casi patológico por las nínfulas, pues no contento con embarazar a sus primas, las hermanitas Aqua y Marina, y preparar por esta vía el incesto que convertirá a su hijo en un insigne e insaciable debauche, siendo sexagenario y tras haber recorrido todas las gamas del espectro sexual, se vuelca sobre las niñas españolas en general y sobre una insoportable pero eficiente nínfula de diez años, en particular, que no sólo lo satisface a plenitud, sino que casi lo pone a desvariar (Parte II, cap. VI). En Lolita, libro que registra las características de la especie, las menciones en este sentido se multiplican al punto de que se postula un marco de referencias que bien puede delatar el afán de Humbert Humbert por justificar su ninfulomanía. Al comienzo de la novela el protagonista confiesa que un prolegómeno de Lolita Haze es Annabel Leigh, una chica a quien conoció en una playa muchos años atrás. Diestro manipulador de la prolepsis, Nabokov siempre se adelantó a todos aquellos críticos que quisieron ver en esta muchacha un sucedáneo de Colette ¾y por esta senda de toda su colección de nínfulas¾, para negar cualquier equiparación de esta niña con Lolita. Lo cierto es que Colette es una criatura de diez años que Nabokov amó en una playa de Biarritz y que no sólo evoca en su Speak, Memory! (cap. VII), sino que además lo instó a escribir un cuento en el que recrea fielmente todas las incidencias de la precoz e incontenible pasión, pues incluso quisieron fugarse al otro lado del océano (cf. “Primer amor”, en el volumen Nabokov’s Dozen). Aún corriendo el riesgo de caer bajo el poco amable calificativo de “monomaniacos del interés humano”, con el que Nabokov honra a los cazadores de Lolitas, creemos que, independientemente de que Colette sea o no el “gérmen” de una estirpe de nínfulas, es Annabel Leigh el punto nuclear de tan curiosa fauna, pues no es difícil encontrar bajo ese nombre el anagrama Annabel Lee, la nínfula entrañable de Edgar Allan Poe, variante poética de Eleonora, la niña-mujer del relato homónimo. En reiteradas ocasiones Humbert Humbert acude al poema de Poe asociando a Annabel con Lolita, tal como lo constata expresamente en el juego de

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